PERSPECTIVAS DEL SECTOR PÚBLICO

EL DÉFICIT PÚBLICO ESPAÑOL, DESBORDADO.

Las cuentas públicas españolas, que ya se estaban alejando de los objetivos marcados por nuestra pertenencia a la disciplina del euro aun en momentos de bonanza económica, han sufrido un revés sin precedentes ante los catastróficos efectos de la pandemia, de tal forma que estimamos que el ejercicio actual cerrará con unos niveles imprevistos de déficit y de deuda públicos (12,5% y 120,8%, respectivamente). Aunque es cierto que, como consecuencia de la pandemia, se ha abierto un paréntesis en las exigencias de estabilidad presupuestaria en el área del euro, no hay duda de que, una vez que se considere superada la situación de emergencia, volverán a restablecerse las antiguas reglas de disciplina presupuestaria, o se instaurarán otras nuevas, que permitan asegurar la estabilidad del euro. Tampoco hay duda de que las futuras exigencias serán tanto más duras cuanto más se hayan alejado las respectivas economías de la zona de los niveles de déficit y de deuda pública compatibles con el cumplimiento de la restricción presupuestaria, según la cual, a largo plazo, todo gasto público tiene que ser financiado con ingresos públicos, salvo que se esté dispuesto a incurrir en la insostenibilidad de la deuda o, alternativamente, en una inflación galopante.

EL DETERIORO DEL DÉFICIT TOTAL FUE CONSECUENCIA TANTO DE LA COYUNTURA COMO DEL COMPONENTE ESTRUCTURAL.

Al empeoramiento del componente estructural, que se ya había observado en el ejercicio presupuestario anterior, se ha unido en el de 2020 un cambio de signo en el componente coyuntural, que se ha visto afectado tanto por la reducción de ingresos públicos debidos a la menor actividad económica, como por el incremento de gastos, básicamente los ligados al desempleo, repartiéndose casi por igual la contribución de ambos componentes al déficit total. Esta situación, aunque no de forma tan acusada, aún permanecerá en los próximos ejercicios, al menos por lo que respecta al componente estructural, ya que el coyuntural irá reduciendo paulatinamente su contribución al saldo negativo total a medida que la economía se vaya recuperando y se traduzca en creación de empleo.

EL SALDO PRIMARIO.

En el nuevo estadio en el que se encontraban las cuentas públicas españolas en el ejercicio pasado, una de las exigencias derivadas del Pacto de Estabilidad era la de que el exceso de deuda pública sobre el 60% del PIB se fuera reduciendo anualmente en una vigésima parte de dicho exceso, es decir, en 1,5 puntos porcentuales, comenzando ya en el ejercicio presupuestario de 2019, objetivo que no se cumplió. Para ello hubiera sido necesario, dados los niveles del crecimiento monetario del PIB y de los tipos de interés medios de la deuda viva, que el saldo primario registrara un valor positivo de aproximadamente un punto del PIB, habiéndose quedado, en cambio, en el 0,1%. Es de notar que, a pesar de los anormalmente bajos tipos de interés a los que se ha venido financiando en los últimos años la deuda pública española, incluso con tipos negativos en el momento actual hasta para los bonos a 10 años, no se lograron superávits primarios lo suficientemente elevados como para que la deuda pública se hubiera ido acercando al objetivo propuesto, lo que hubiera permitido poder encarar con un mayor margen de actuación presupuestaria la nueva situación surgida tras la pandemia. Según nuestras previsiones, tendrán que transcurrir varios años para que el saldo primario vuelva a tener valores positivos, lo que implicará que habrá que seguir endeudándose para pagar los intereses.

LA APROBACIÓN RECIENTE DEL FONDO DE RECUPERACIÓN SUPONE UN RESPIRO, SOBRE TODO PARA UNA ECONOMÍA, COMO LA ESPAÑOLA, DE LAS MÁS AFECTADAS POR LA PANDEMIA.

A partir del uno de enero de 2021 comenzará a funcionar, junto con el nuevo Marco Financiero Plurianual, el tan debatido Fondo de Recuperación, dotado con 750.000 millones de euros y financiado a través de una emisión de deuda conjunta por la Unión Europea, así como con la aportación, marginal en un principio, de nuevos impuestos europeos. El reembolso de los títulos emitidos se efectuará desde 2028 hasta finales de 2058. España e Italia serán los dos países más favorecidos por este Fondo; en concreto a España se calcula que le corresponderán unos 140.000 euros. Una parte, algo menos del 50% de los fondos, se recibirán en forma de créditos y el resto en forma de transferencias. No obstante, no se percibirán de forma automática, ya que se exigirá la presentación, hasta abril de 2021, de un Plan Nacional de Reformas que tendrá que ser aprobado por el Consejo por mayoría cualificada, previo informe de la Comisión. En dicho plan se indicará cómo van a utilizarse los fondos y las metas a alcanzar y solo una vez que se demuestre que se han obtenido los objetivos, se irán liberando los fondos asignados a cada país. Se estima que los primeros anticipos comiencen a llegar a los distintos Estados a mediados de próximo año y el fondo estará activo hasta finales de 2027. No obstante, es de prever que las tensiones en los mercados de bonos volverán cuando los inversores pongan en duda la capacidad del Consejo de Gobierno del BCE de seguir incrementando una y otra vez los programas de compra de bonos soberanos, momento en el que los mercados comenzarían a discriminar las primas de riesgo por países. Y ante esa eventualidad, las magnitudes de déficit y deuda españoles no serían de las que se encontraran en una situación más confortable.

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